Cuando el sistema no tiene API
«No se puede integrar, no tiene API» es la frase que detiene más proyectos de los que debería. Sí se puede: el proceso avanza igual, con una condición.
«No se puede integrar, no tiene API» es la frase que detiene más proyectos de los que debería. Sí se puede: el proceso avanza igual, con una condición.
Pasa en casi todo diagnóstico. Hay un sistema en el centro de la operación —un ERP de hace quince años, un portal de un proveedor, una aplicación de escritorio que alguien compró y el fabricante ya no existe— y no expone forma alguna de conectarse programáticamente.
La conclusión habitual es que ese proceso no se puede automatizar hasta que se reemplace el sistema. Y como reemplazar el sistema es un proyecto de dos años, el proceso sigue haciéndose a mano indefinidamente.
Automatizar una interfaz tiene un costo que hay que aceptar de entrada: es más frágil. Un cambio de diseño del proveedor, una actualización que mueve un botón, un mensaje nuevo que aparece la primera vez — cualquiera de esos rompe el proceso.
Eso no lo descarta. Lo que exige es que el fallo sea visible. Una automatización silenciosa que dejó de correr es peor que no tenerla: durante semanas todos creen que el proceso está cubierto.
En la práctica significan tres cosas no negociables:
Operar la interfaz de un sistema propio del cliente, o de un proveedor con el que el cliente tiene una relación contractual y permiso para hacerlo, es automatización. Vulnerar un control de seguridad de un tercero para conseguir acceso no lo es, y no lo hacemos — ni lo construimos dentro de nuestros productos.
Cuando un flujo se topa con un control de seguridad legítimo de un tercero, la respuesta correcta es una persona resolviéndolo, no un mecanismo para saltarlo. En nuestros propios productos lo tenemos resuelto exactamente así: el reto llega a una cola interna y alguien lo atiende. El cliente final no se entera, y no se rompió nada de nadie.
Un ERP sin API no bloquea el proyecto. Cambia el diseño de la solución y cambia el presupuesto de mantenimiento — y las dos cosas conviene decirlas al principio, no descubrirlas a la mitad.
La primera conversación es de diagnóstico. Si el proceso no conviene tocarlo, también lo decimos.
Botbi Advisor
Información pública de Botbi